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RESILIENCIA. TU ASIGNATURA SUSPENSA.

Lo vivido en este último año me lleva a hacerme diferentes y a la vez parecidas preguntas:

¿Quién nos enseña a vivir con la incertidumbre?

¿Quién nos enseña a ser y estar sin un ser querido?

¿Quién nos enseña a dormir con alguna preocupación inquietante?

¿Quién nos enseña a pederlo todo?

Resumiendo con una simple y compleja pregunta: ¿Quién nos enseña a vivir?

Resiliencia. Así llamaría a esa asignatura obligatoria en colegios e institutos en la que se enseñara a conocer, gestionar y digerir las emociones y sentimientos que la vida te hará experimentar en algún momento de la misma. Suprimiendo así alguna que otra asignatura que sobra.

«Resiliencia» Qué bien suena y qué significado tan simbólico tiene… ¿Verdad?

Definida como la capacidad para sortear las dificultades, aprender de las derrotas y reconstituirse creativamente, transformando los aspectos negativos en nuevas oportunidades y ventajas te dan ganas de tatuártela o hasta de ponerla en tu estado de WhatsAPP.

Este concepto no es de Mr. Wonderful ni proviene de la Psicología Positiva. De hecho, al verdadero «creador» de este concepto le toca muchos los huevos cuando algunas de estas nuevas y modernas corrientes adulteran su concepto.

Fue Michael Rutter quien en el año 1972 acuñó este concepto desde el prisma de las Ciencias Sociales. Sus estudios sobre resiliencia se centraron en personas que había vivido acontecimientos de vida tales como: una infancia pobre, sobrevivir en campos de concentración, maltrato físico y psicológico en mujeres, etc.

Aquellas personas que conseguían sobrellevar y resistir tales situaciones de vida eran conocidos como «Los Resilientes».

Nadie les enseñó directamente, sin embargo, esos niños sumergidos en la mayor de las miserias eran capaces sonreír mientras caminaban descalzos por el barro, vivir sin lujos e incluso sin familia.

Sanitarios, empresarios, dueños de negocios que han sufrido el azote de la pandemia, personas que no han podido despedir dignamente a un ser querido y que siguen adelante… merecen ser también llamados resilientes.

Aprovecho para decir que a esos altos cargos que cerraron centros deportivos señalando la actividad física como parte del problema y no como una posible solución… los podéis llamar como queráis pero no resilientes. Tú ya me entiendes.

Existe un único problema en todo esto de vivir, y es que a veces no nos enseñan a hacerlo. Simplemente dejamos que la vida nos vaya golpeando con su (a veces dura) realidad y la vamos encarando como buenamente podemos.

Ser resiliente no implica invulnerabilidad. Para nada. Un resiliente también sufre el dolor y la preocupación, pero se diferencia del resto por la calidad de vida que es capaz de llevar pese a esas preocupaciones que le atormentan y ese dolor que sufre.

«No es que la suspendas, es que no te la enseñan«

Y lo jodido es que a veces, quién te enseña a ser resiliente lo tachan de loquero y tú no vas a dónde él por miedo a que te llamen loco/a.

Tú ya me entiendes. Y si no, ahí tienes otra consecuencia de este problema.

Espero que lo aquí leído te haga pensar y formarte para llegar a convertirte en un verdadero «Resiliente»

AVANTI.

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